lunes, 18 de enero de 2016

¿Y después qué?

Tras la investidura de Carles Puigdemont como President, se cierra el ciclo de casi tres meses desde las elecciones del 27 de Septiembre sin acuerdo por parte de los partidos proindependentistas en Cataluña. Como consecuencia de su elección, y tras el paso hacia un lado dado por el ya Expresident Artur Mas, los líderes de los diferentes partidos han continuado con sus discursos: un relato de cierre de filas con el Ejecutivo por parte del PP, PSOE y Ciudadanos, y a Podemos y especialmente a Ada Colau, que mientras saca a relucir el miedo de Convergencia a sacar de nuevo las urnas a la calle tras los comicios nacionales de diciembre, volvía a poner el foco en un posible ‘consulta’ para avanzar en el proceso.

Es especialmente interesante que aquellos que plantean esta consulta, que por cierto sólo defienden Podemos y En Comú puesto que Convergencia y ERC ya la han desechado, posee grandes cuestiones más allá de su legitimidad, su legalidad, o incluso, la pregunta que se realice. En primer lugar, y pese a ser la opción preferida de los catalanes (según la encuesta de un periódico catalán de hace algunas semanas), las opciones políticas que han defendido plenamente esta opción no han tenido buenos resultados. No funcionó en las pasadas elecciones de septiembre, donde la única opción que planteó de forma clara la consulta como solución al problema catalán, perdió apoyos y se fue desinflando a lo largo de la campaña electoral, perdiendo 7 escaños desde los pronósticos electorales hasta los resultados finales. Tampoco hemos de olvidar lo sucedido en los comicios de diciembre: a pesar de ser el partido con mayor apoyo con 12 diputados, los partidos independentistas sacaron 17 diputados (DiL y ERC) y 18 los partidos constitucionalistas (PSC-PSOE, PP y Ciudadanos), y todo sin la concurrencia de la CUP, que hubiera sin duda restado apoyos al partido de Iglesias y Colau. Tampoco los votos les respaldan, que con 927 mil electores, están muy lejanos de los casi millón doscientos de los independentistas y los cerca de millón quinientos de los constitucionalistas.

Junto a la escasez de apoyo “real”, más allá de los sondeos electorales, una consulta no resuelve el problema. ¿Realmente una campaña electoral en una consulta de esta categoría sería clara? ¿Vendería mejor un relato optimista que defenderían los partisanos de la independencia frente a otro más realista, y en cierto modo, austero de los unionistas? En estos términos, la probabilidad de que el resultado fuera un sí se dispara, y en este caso, el problema no se desencalla, sino que aumentaría los escollos puesto que ya habría un argumento más sólido por parte de los independentistas para legitimar su proceso.

Tampoco sería mejorable un no, y más sabiendo que la estrechez de la distancia electoral entre ambas, no auguraría un éxito más allá del 60% para los constitucionalistas, o lo que es lo mismo, tendríamos entre un 40 y un 45% de electores catalanes que ya sabríamos de forma clara que están dispuestos a dar el salto. Y esto es lo que ya tenemos con los resultados del 27 de Septiembre: con este resultado, Junts per sí ha conseguido vender esto como un éxito para seguir con un proceso constituyente para proseguir ganando adeptos, en palabras de la formación asamblearia.


Es cierto que el mal llamado “problema catalán” está enconando por la posición de los agentes. Tampoco los partidos nacionales han conseguido desmovilizar a muchos de los partidarios que más que independentistas, se han sentido afines al proceso como un mal menor. Partido Popular y Ciudadanos sólo plantean la ley y un no a todo proceso de diálogo,y el Partido Socialista, aún más dispuesto a negociar algún aspecto, plantea una reforma constitucional s tan ambigüa que no deja claro ni nuevos contenidos, ni competencias ni contraprestaciones que pudieran contentar a muchos catalanes, alejados del Estado Español que es visto con cierta incredulidad. Los partidos deberían de empezar a poner encima de la mesa alguna medida concreta, más allá de una consulta que no resuelve nada, pues una vez realizada, el escenario no sería uno distinto del que ya tenemos.

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