Tras la investidura de Carles
Puigdemont como President, se cierra el ciclo de casi tres meses desde las
elecciones del 27 de Septiembre sin acuerdo por parte de los partidos
proindependentistas en Cataluña. Como consecuencia de su elección, y tras el
paso hacia un lado dado por el ya Expresident Artur Mas, los líderes de los
diferentes partidos han continuado con sus discursos: un relato de cierre de
filas con el Ejecutivo por parte del PP, PSOE y Ciudadanos, y a Podemos y especialmente
a Ada Colau, que mientras saca a relucir el miedo de Convergencia a sacar de
nuevo las urnas a la calle tras los comicios nacionales de diciembre, volvía a
poner el foco en un posible ‘consulta’ para avanzar en el proceso.
Es especialmente interesante que
aquellos que plantean esta consulta, que por cierto sólo defienden Podemos y En
Comú puesto que Convergencia y ERC ya la han desechado, posee grandes cuestiones
más allá de su legitimidad, su legalidad, o incluso, la pregunta que se
realice. En primer lugar, y pese a ser la opción preferida de los catalanes
(según la encuesta de un periódico catalán de hace algunas semanas), las
opciones políticas que han defendido plenamente esta opción no han tenido
buenos resultados. No funcionó en las pasadas elecciones de septiembre, donde
la única opción que planteó de forma clara la consulta como solución al
problema catalán, perdió apoyos y se fue desinflando a lo largo de la campaña
electoral, perdiendo 7 escaños desde los pronósticos electorales hasta los
resultados finales. Tampoco hemos de olvidar lo sucedido en los comicios de
diciembre: a pesar de ser el partido con mayor apoyo con 12 diputados, los partidos
independentistas sacaron 17 diputados (DiL y ERC) y 18 los partidos
constitucionalistas (PSC-PSOE, PP y Ciudadanos), y todo sin la concurrencia de
la CUP, que hubiera sin duda restado apoyos al partido de Iglesias y Colau.
Tampoco los votos les respaldan, que con 927 mil electores, están muy lejanos
de los casi millón doscientos de los independentistas y los cerca de millón
quinientos de los constitucionalistas.
Junto a la escasez de apoyo “real”, más allá de los sondeos
electorales, una consulta no resuelve el problema. ¿Realmente una campaña
electoral en una consulta de esta categoría sería clara? ¿Vendería mejor un
relato optimista que defenderían los partisanos de la independencia frente a
otro más realista, y en cierto modo, austero de los unionistas? En estos
términos, la probabilidad de que el resultado fuera un sí se dispara, y en este
caso, el problema no se desencalla, sino que aumentaría los escollos puesto que
ya habría un argumento más sólido por parte de los independentistas para
legitimar su proceso.
Tampoco sería mejorable un no, y más sabiendo que la
estrechez de la distancia electoral entre ambas, no auguraría un éxito más allá
del 60% para los constitucionalistas, o lo que es lo mismo, tendríamos entre un
40 y un 45% de electores catalanes que ya sabríamos de forma clara que están
dispuestos a dar el salto. Y esto es lo que ya tenemos con los resultados del
27 de Septiembre: con este resultado, Junts per sí ha conseguido vender esto
como un éxito para seguir con un proceso constituyente para proseguir ganando
adeptos, en palabras de la formación asamblearia.
Es cierto que el mal llamado “problema catalán” está
enconando por la posición de los agentes. Tampoco los partidos nacionales han
conseguido desmovilizar a muchos de los partidarios que más que
independentistas, se han sentido afines al proceso como un mal menor. Partido
Popular y Ciudadanos sólo plantean la ley y un no a todo proceso de diálogo,y
el Partido Socialista, aún más dispuesto a negociar algún aspecto, plantea una
reforma constitucional s tan ambigüa que no deja claro ni nuevos contenidos, ni
competencias ni contraprestaciones que pudieran contentar a muchos catalanes,
alejados del Estado Español que es visto con cierta incredulidad. Los partidos
deberían de empezar a poner encima de la mesa alguna medida concreta, más allá
de una consulta que no resuelve nada, pues una vez realizada, el escenario no
sería uno distinto del que ya tenemos.
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