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domingo, 10 de agosto de 2014

Cinco tesis sobre el último barómetro del CIS: ¿sale realmente ganando Podemos?


Tras una semana de la publicación del último barómetro del CIS, y más aún, con EL PAÍS de este domingo donde Metroscopia pone en empate técnico al PP y al PSOE en intención de voto si fueran mañana las elecciones alCongreso de los Diputados, me ha resultado curioso la tesis principal de los medios de comunicación han dado ante tal: el fin del bipartidismo debido a que Podemos ha superado como segunda opción preferida por detrás del PP al Partido Socialista en intención de voto.

Sin embargo, mi extrañeza ha sido cuando, en plena tarde del domingo, me puse a repasar algunas de las noticias publicadas, y sobre todo, a examinar con mayor detenimiento la encuesta del CIS por variables sociodemográficas, empiezo a pensar que los periodistas únicamente miraron la pregunta “intención de voto” sin entrar en las demás variables que pueden ser también muy determinantes.

En ese sentido, y como respuesta a ese titular, presenta cinco respuestas – o contratesis- para responder al gran titular de estos días del fin del partidismo.


  1.  La intención de voto es emocional, no racional. Cuando un entrevistador realiza al encuestado la pregunta, ¿Si se realizarán mañana las elecciones, usted a quién votaría?, no se ofrecen respuestas, sino que es el propio individuo de forma más o menos directa su opción preferida. En ese sentido, se mide el grado de conocimiento de las opciones políticas y también sus preferencias electorales. Esta es una actitud puramente emocional, rápida, espontánea, sin apenas opción de raciocinio, y que además, no compromete al elector. En ese sentido, no se puede tomar la intención de voto como algo escrupulosamente directa para obtener unos resultados reales, debido a que el voto propiamente dicho es algo racional (que el elector ha razonado y pensado los contrapesos de su elección) así como comprometedora debido a que éste sabe el peso de su elección para los próximos años.
  2. La intención de voto no exige el voto real. Esto es, cuando el electorado se le pregunta sobre este aspecto, esto no quiere decir que el voto este asegurado (infidelidad) ni siquiera que este dé por seguro ir a votar (abstención). En este sentido, es bastante reseñable que el voto de Podemos sea de menores de 35 años principalmente, grupo de mayores abstencionistas, pero también que entre aquellos que admiten que votarán a Podemos estén los abstencionistas (11% del voto a Podemos, entre aquellos que no votaron a ninguna formación en las anteriores elecciones).
  3.  La existencia del voto oculto. ¿Realmente algunos de los periodistas tiene el conocimiento del voto oculto, esto es, de los algunos de los electores no expresa su deseo real de voto debido a la sanción social y por ello eligen a otras opciones más aceptables socialmente? Sinceramente todavía creo que existe un relevante voto oculto en esta encuestas, entre ellas, por las desviaciones en el reconocimiento en las pasadas elecciones europeas (7 puntos de reconocimiento por debajo del resultado real por parte del PP, 4 puntos por parte del PSOE y la existencia de ciertos partidos excepcionalmente inflados como comentaré posteriormente). Pero ya no es solamente este argumento, es que dentro de la propia encuesta existen algunas variables que apuntan a que PP y PSOE siguen siendo partidos de reconocimiento por parte del electorado.  Por ejemplo, a la pregunta ¿a qué partido usted nunca votaría?, el Partido Socialista sigue siendo, sólo dos puntos por detrás de EQUO, la formación con menor rechazo social con un 41,9%, diez puntos por debajo de Izquierda Unida o veinte puntos por debajo del Partido Popular.  Pero es más, tanto el PP como el PSOE siguen siendo los partidos con mayor simpatía política por parte de los ciudadanos (14,3% y 14,7% respectivamente), todavía por delante de Podemos (13,1%) y IU, que se encuentra por encima del 8%. Y ya como curiosidad, el barómetro muestra que entre los nuevos votantes que piensan en ir a votar “si fueran mañana las elecciones” no es Podemos, sino el PP (más de un 13%, con dos puntos de diferencia con Podemos) la opción preferida. En este sentido, no creo que los dos partidos tradicionales hayan perdido su simpatía por parte de los ciudadanos, sino el problema está en otras variables.
  4. Efecto Bandwagon. El efecto Bandwagon o de arrastre tiene que ver con que los ciudadanos a menudo prefieren hacer, y en nuestro caso, decir aquellas opciones más populares debido a que son más aceptables socialmente que nuestras propias ideas o acciones. En este sentido, y confrontando con los resultados de las elecciones de las europeas, Podemos obtiene más de cinco puntos (en oposición de los 7 y 4 puntos de pérdida que tienen el PP y del PSOE) de resultado positivo entre el más de 8% que obtuvieron al Parlamento Europeo y más del 13% que los ciudadanos le dan de reconocimiento en el barómetro.
  5. Suelos: Por otro lado, a la tesis del fin del bipartidismo, habría que asumir que el Partido Popular y el Partido Socialista ya han llegado –desde hace meses- a sus suelos electorales (al menos en tasas de intención de voto) y que por tanto se debería descartar un “efecto PASOK”.


jueves, 18 de julio de 2013

De la independencia del Tribunal Constitucional

Hoy hemos conocido que el presidente del Tribunal Constitucional, Francisco Pérez de los Cobos, milita dentro del Partido Popular, formación política que por cierto propuso su nombramiento para ser magistrado de dicha institución en varias ocasiones, y que finalmente, se fraguó en el año 2010. Él mismo ha admitido que aunque ya no paga cuotas al partido, cuando fue elegido para dicho cargo mantuvo su militancia hasta 2011.

Ha habido muchos detractores quienes recién salida la noticia han exigido al magistrado conservador que dimita del cargo; otros (entre ellos, la exministra socialista Maria Antonia Trujillo a través de su twitter) defienden al Presidente del Constitucional, puesto que la legislación permite la militancia a partidos partidos si bien no la participación en sus órganos de decisión.

A través de esto punto yo me planteó varias cuestiones. En primer lugar, pese a que la Ley que rige los nombramientos de los magistrados permite la militancia, la Constitución en su artículo 159.5 exige la independencia de los miembros del Alto Tribunal ("Los miembros del Tribunal Constitucional serán independientes e inamovibles en el ejercicio de su mandato"). Me gustaría interpretar esta artículo desde una doble vertiente: desde la exigencia de no intromisión por parte de terceros en sus decisiones judiciales, pero también desde su exigencia personal en la no parcialidad de sus actuaciones. Llevándolo al extremo incluso podríamos extrapolar el sistema de revocación que se realiza cuando un miembro del tribunal ha escrito sobre el mismo tema que se plantea el recurso. De esta manera, podemos prever que dicho miembro no debería participar en la mayoría de los asuntos pendientes puesto que el PP es partícipe de la mayoría de los asuntos a debatir, al estar en el Gobierno del Estado Central, la mayor parte de las Autonomías y Ayuntamientos, y como uno de los dos principales partidos de nuestro país. ¿Podemos imaginarnos que un miembro del Tribunal estuviera recusado en, por ejemplo, la mitad de los casos? Sería ilógico, pero en este caso, sería así.

Algunos esgrimen nuevamente en que toda persona tiene derecho a la libertad ideológica (art. 16.1 de la CE) y que nadie puede ser obligado a no declarar su ideología (16.2). Pero nuevamente entramos en un dilema: cuando se realizó la audiencia en la Comisión correspondiente en el Parlamento debió confesar tal afiliación, al menos por honradez personal, y aunque muchos se amparan en el 16.2, la Constitución habla de ideología, y en ningún momento habla de militancia, y más para una institución como es la que debe discernir los recursos judiciales donde están en juegos los derechos fundamentales y las libertades públicas de todos los españoles así como las luchas de competencias entre las distintas entidades gubernamentales del Estado. 

Y es que en el fondo aunque este hecho está permitido por la ley, no deberíamos olvidar que los ciudadanos tendríamos que exigir que las altas instituciones de nuestro país deberían ser independientes. Creo que puede ser compatible con el cargo la posesión de opiniones personales sobre temas políticos o incluso que tengan preferencia ideológica, ahora bien la militancia ya entra en otro nivel, y al menos, deberíamos exigir a los candidatos que en sus audiencias lo confiesen, no solamente por legalidad, sino por honradez personal.