Tras una semana de la publicación del último barómetro del
CIS, y más aún, con EL PAÍS de este domingo donde Metroscopia pone en empate técnico al PP y al PSOE en intención de voto si fueran mañana las elecciones alCongreso de los Diputados, me ha resultado curioso la tesis principal de los
medios de comunicación han dado ante tal: el fin del bipartidismo debido a que Podemos
ha superado como segunda opción preferida por detrás del PP al Partido Socialista en
intención de voto.
Sin embargo, mi extrañeza ha sido cuando, en plena tarde del
domingo, me puse a repasar algunas de las noticias publicadas, y sobre todo, a
examinar con mayor detenimiento la encuesta del CIS por variables
sociodemográficas, empiezo a pensar que los periodistas únicamente miraron la
pregunta “intención de voto” sin entrar en las demás variables que pueden ser
también muy determinantes.
En ese sentido, y como respuesta a ese titular, presenta
cinco respuestas – o contratesis- para responder al gran titular de estos días
del fin del partidismo.
- La intención de voto es emocional, no racional. Cuando un entrevistador realiza al encuestado la pregunta, ¿Si se realizarán mañana las elecciones, usted a quién votaría?, no se ofrecen respuestas, sino que es el propio individuo de forma más o menos directa su opción preferida. En ese sentido, se mide el grado de conocimiento de las opciones políticas y también sus preferencias electorales. Esta es una actitud puramente emocional, rápida, espontánea, sin apenas opción de raciocinio, y que además, no compromete al elector. En ese sentido, no se puede tomar la intención de voto como algo escrupulosamente directa para obtener unos resultados reales, debido a que el voto propiamente dicho es algo racional (que el elector ha razonado y pensado los contrapesos de su elección) así como comprometedora debido a que éste sabe el peso de su elección para los próximos años.
- La intención de voto no exige el voto real. Esto es, cuando el electorado se le pregunta sobre este aspecto, esto no quiere decir que el voto este asegurado (infidelidad) ni siquiera que este dé por seguro ir a votar (abstención). En este sentido, es bastante reseñable que el voto de Podemos sea de menores de 35 años principalmente, grupo de mayores abstencionistas, pero también que entre aquellos que admiten que votarán a Podemos estén los abstencionistas (11% del voto a Podemos, entre aquellos que no votaron a ninguna formación en las anteriores elecciones).
- La existencia del voto oculto. ¿Realmente algunos de los periodistas tiene el conocimiento del voto oculto, esto es, de los algunos de los electores no expresa su deseo real de voto debido a la sanción social y por ello eligen a otras opciones más aceptables socialmente? Sinceramente todavía creo que existe un relevante voto oculto en esta encuestas, entre ellas, por las desviaciones en el reconocimiento en las pasadas elecciones europeas (7 puntos de reconocimiento por debajo del resultado real por parte del PP, 4 puntos por parte del PSOE y la existencia de ciertos partidos excepcionalmente inflados como comentaré posteriormente). Pero ya no es solamente este argumento, es que dentro de la propia encuesta existen algunas variables que apuntan a que PP y PSOE siguen siendo partidos de reconocimiento por parte del electorado. Por ejemplo, a la pregunta ¿a qué partido usted nunca votaría?, el Partido Socialista sigue siendo, sólo dos puntos por detrás de EQUO, la formación con menor rechazo social con un 41,9%, diez puntos por debajo de Izquierda Unida o veinte puntos por debajo del Partido Popular. Pero es más, tanto el PP como el PSOE siguen siendo los partidos con mayor simpatía política por parte de los ciudadanos (14,3% y 14,7% respectivamente), todavía por delante de Podemos (13,1%) y IU, que se encuentra por encima del 8%. Y ya como curiosidad, el barómetro muestra que entre los nuevos votantes que piensan en ir a votar “si fueran mañana las elecciones” no es Podemos, sino el PP (más de un 13%, con dos puntos de diferencia con Podemos) la opción preferida. En este sentido, no creo que los dos partidos tradicionales hayan perdido su simpatía por parte de los ciudadanos, sino el problema está en otras variables.
- Efecto Bandwagon. El efecto Bandwagon o de arrastre tiene que ver con que los ciudadanos a menudo prefieren hacer, y en nuestro caso, decir aquellas opciones más populares debido a que son más aceptables socialmente que nuestras propias ideas o acciones. En este sentido, y confrontando con los resultados de las elecciones de las europeas, Podemos obtiene más de cinco puntos (en oposición de los 7 y 4 puntos de pérdida que tienen el PP y del PSOE) de resultado positivo entre el más de 8% que obtuvieron al Parlamento Europeo y más del 13% que los ciudadanos le dan de reconocimiento en el barómetro.
- Suelos: Por otro lado, a la tesis del fin del bipartidismo, habría que asumir que el Partido Popular y el Partido Socialista ya han llegado –desde hace meses- a sus suelos electorales (al menos en tasas de intención de voto) y que por tanto se debería descartar un “efecto PASOK”.
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