miércoles, 21 de agosto de 2013

Gibraltar y la estrategia de comunicación del Gobierno

Entre vacaciones, Agosto nos ha esperado con un nuevo encontronazo con el Reino Unido por Gibraltar. La ya antigua colonia británica, esa que de vez en cuando aparece en nuestro panorama político, ha vuelto a crear un conflicto diplomático del más alto nivel. La cuestión empezó hace dos semanas cuando los gobernantes del islote lanzaron en la bahía de Algeciras unos bloques de hormigón, donde existe un caladero donde faenan pescadores de la zona, lo que impide que puedan ejercer tal tarea debido a que rompen las redes. A causa de ello, el Gobierno español aumentó la presión ejerciendo controles más severos en la aduana del peñón, lo que no gustó al Premier Británico. Cameron, intentó primero dialogar con Rajoy, y en un cruce de notas de prensa de ambos dirigentes contrapuestas, ambos han acudido a Barroso y a la Unión Europea para que vigile al otro. Y todo, con maniobras británicas, supuestamente ya planeadas desde junio, en aguas de Gibraltar.

Bajo de un punto de vista político, la respuesta del Gobierno ha estado bastante medida. Yo calificaría la artimaña como de "moderación contenida", pero con toques de "falsa" severidad. Me explicó: en el fondo, el propio Gobierno sabía cuáles son sus verdaderas opciones sobre el peñón. Judicializar el asunto ante el Tribunal Internacional de La Haya o la ONU puede salirle mal, tanto en términos de este conflicto concreto como de soberanía. Cierto es que en el Tratado de Utretch sólo reconoce la cesión del peñón, y no las aguas, pero tampoco en 1713 había conciencia de las aguas territoriales (lo cual se concretó bastante más tarde). Tanto es así que casi les garantizaría a los británicos una parte de las aguas que ahora mismo ocupan, lo que en términos de opinión pública, condenaría a Rajoy, sobre todo, para la parte de sus votantes más escorados a la derecha, muy nacionalistas en términos cualitativos, en un fracaso. Por eso, ese moderación en el discurso (dialogantes desde el primer momento, aunque cada vez con mayor solemnidad y dureza), casi acabando con falsas amenazas de discurso duro (como puede verse en la entrevista que nuestro Ministro de Exteriores concedio a ABC -"se acabó el recreo en Gibraltar"- o la última del Wall Street Journal).

Esta opción de discurso muy cuidado es interesante para sus dos electorados. Por un lago,  esta estrategia moderada pero agresiva a la vez ha podido ser la mejor para contentar al votante medio (el que más les interesa a los partidos, el mayor en términos cuantitativos), aquel para el que este issue es poco relevante en su vida diaria (pero que sí muestra interés por el tema). Se siente satisfecho por la actitud de su Gobierno (y el apoyo más o menos unánime de la oposición, ya que no se han oído otras voces en este sentido), y concuerda con sus pensamientos. Para su tradicional electorado, más conservador y más nacionalista en términos de identidad, esta estrategia puede resentirle. Quizá esperaba una actitud más agresiva ( casi de "sacar los tanques") sobre todo cuando el gobierno de Gibraltar intenta dar golpes de efecto (como en la manifestación de los pescadores españoles, donde Gibraltar expuso un pequeño navío de la Royal Navy). Sin embargo, a medio plazo estos votantes se sentirían satisfechos  debido a que en general la opinión pública (y la publicada en los medios y televisiones) se percibe como satisfecha por parte de la actuación del Gobierno de poner en su sitio a los británicos. Tendremos que esperar a ver como se desarrolla el conflicto cuando lleguen los observadores comunitarios.



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