Las elecciones del pasado 24 y 25 de Febrero han dejado a Italia en una situación muy complicada de cara a una futura gobernabilidad. El líder de centro-izquierda, Pier Luigi Bersani, consiguió una amplia mayoria en la Cámara Baja (ayudado además por una ley electoral que blinda la mayoria absoluta al partido más votado); si bien en el Senado, una cámara con un gran poder en el pais, sólo consiguió una ligera ventaja con respecto al partido de Berlusconi, quien consiguió remontar en las encuestas durante la campaña electoral. Pero, es sin duda, Beppe Grillo, líder del Movimiento Cinco Estrellas, la "foto" de estas elecciones al conseguir desplazar a Mario Monti (exprimer ministro italiano) a una cuarta posición, quedada por tanto relegada a no ser más que una fuerza de escaso valor.
La importancia de estas elecciones recae en el resultado surgido de las urnas, sobre todo cuando toda Europa estaba mirando a cómo iba a afectar a su democracia los meses de "tecnocracia" de Mario Monti. Y la consecuencia no ha sido otra que, aparte de cuestiones de política interna, una bofetada para las políticas europeas, un rechazo a la forma de hacer por parte de las instituciones comunitarias. No es de extrañar el aumento de un partido como el de Grillo, que propugnaba un movimiento anti político en toda regla y que criticó duramente las medidas impuestas desde Bruselas pidiendo incluso la salida de Italia del euro.
En términos más generales, me preocupa profundamente ese populismo que está surgiendo en Europa en los últimos tiempos. Si ya empezaron determinados movimientos de extrema-derecha con actitudes racistas y xenófobas, que formaciones de izquierda antieuropea como Grillo utilicen los mismos resortes me causa un cierto temor a que ese sentimiento se generalice. Lluis Basset en El País ("Populismos", pág. 4, 28/02/2013) recuerda que en todas los sistemas políticos hay dosis de populismo, pero si bien estas formaciones no crítican Europa como tal, sino las decisiones tomadas por Bruselas: "es un euroescepticismo más hastiado que escéptico (como el de Reino Unido), que rechaza la política de austeridad [...] pero que estaría encantado con más Europa, si significara políticas sociales y más crecimientos".
En resumidas cuentas, es preocupante que esas ideas euroescépticas recogidas de una opinión pública existente (especialmente en países del Sur de Europa), cansada de que Bruselas significa recortes, subidas de impuestos, paro... lleve a la tesis de menos integración europea, olvidando que detrás de todo el proyecto europeo subyace una visión de cooperación y solidaridad mutua. Y, aunque movimientos como el de Grillo (que pueden utilizan mecanismos como la demagogia) pueden suponer inestabilidad política en sus respectivos países, están poniendo de manifiesto la necesidad de las instituciones comunitarias de cambiar la imagen que se tiene de ellas. Quizás pueden servir de revulsivo para ver que nuestros dirigentes empiezan a tener la voz que nos corresponde y empiecen a exigir a los del Norte que suponemos más del 50% de la población de la Unión.
La importancia de estas elecciones recae en el resultado surgido de las urnas, sobre todo cuando toda Europa estaba mirando a cómo iba a afectar a su democracia los meses de "tecnocracia" de Mario Monti. Y la consecuencia no ha sido otra que, aparte de cuestiones de política interna, una bofetada para las políticas europeas, un rechazo a la forma de hacer por parte de las instituciones comunitarias. No es de extrañar el aumento de un partido como el de Grillo, que propugnaba un movimiento anti político en toda regla y que criticó duramente las medidas impuestas desde Bruselas pidiendo incluso la salida de Italia del euro.
En términos más generales, me preocupa profundamente ese populismo que está surgiendo en Europa en los últimos tiempos. Si ya empezaron determinados movimientos de extrema-derecha con actitudes racistas y xenófobas, que formaciones de izquierda antieuropea como Grillo utilicen los mismos resortes me causa un cierto temor a que ese sentimiento se generalice. Lluis Basset en El País ("Populismos", pág. 4, 28/02/2013) recuerda que en todas los sistemas políticos hay dosis de populismo, pero si bien estas formaciones no crítican Europa como tal, sino las decisiones tomadas por Bruselas: "es un euroescepticismo más hastiado que escéptico (como el de Reino Unido), que rechaza la política de austeridad [...] pero que estaría encantado con más Europa, si significara políticas sociales y más crecimientos".
En resumidas cuentas, es preocupante que esas ideas euroescépticas recogidas de una opinión pública existente (especialmente en países del Sur de Europa), cansada de que Bruselas significa recortes, subidas de impuestos, paro... lleve a la tesis de menos integración europea, olvidando que detrás de todo el proyecto europeo subyace una visión de cooperación y solidaridad mutua. Y, aunque movimientos como el de Grillo (que pueden utilizan mecanismos como la demagogia) pueden suponer inestabilidad política en sus respectivos países, están poniendo de manifiesto la necesidad de las instituciones comunitarias de cambiar la imagen que se tiene de ellas. Quizás pueden servir de revulsivo para ver que nuestros dirigentes empiezan a tener la voz que nos corresponde y empiecen a exigir a los del Norte que suponemos más del 50% de la población de la Unión.
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